Va como un bienvenidos
pintado en el muro
con caligrafía poco confiable.
Como si la forma dictara el fondo
y en fin,
como si el mundo fueran los lugares comunes
y el sentido, común, pudiera navegarlos.
Aquí me acuclillo pues con la oscuridad delante
y una exigua luz detrás que es mi estela,
contemplando estrellas en luces de emergencia
en una noche eterna sin osa polar.
Puede haber monstruos claro:
en el aparcamiento de la razón me encuentro.