25 mar 2012

Mi propia orden

Pidiéndole al dios
que no me deje equivocarme
vuelta tras vuelta a la piedra
estudiando cada convulsión
del magma ya inane.

Pidiéndole al kaos
un sesgo en lo dado, los dados
salvaje rotación y traslacción
¿Sujeta a los hados?

Pidiéndome finalmente
un rigor vívido, inmisericorde
conmigo mismo, con mi entorno
seguir una, difícil, pero mi propia orden.



¿Por qué nos adherimos a modos de actuación sólidos de culturas ajenas? A veces somos los chicles que se pegan debajo de las mesas en el colegio, antes de la clase y el castigo por masticar. No queremos aprender, no creemos en aprender ni vemos la libertad tras la dosis, desesperanzados ya por saber la magnitud del corte, pendiente en nuestro cuello. Pero es diferente... existe la sutil diferencia de que la química de las personas, las personas manipulan. Puedo desentramar capa tras capa de mentira velada; cierto que me llevará tiempo, que me intoxicaré con las que pasen desapercibidas... pero al final sajaré, y libre, mi sangre brotará sola mía, limpia. Y mientras, somos chicles, maleados por la falta de esperanza, nos pegamos a algo que nos dé una sólidez de la que no disponemos, no disponemos disponer. Y luego, maleados y maleables ya, nos vamos pegando a ulteriores utensilios del mobiliario. Yo no quiero pertenecer a ninguna orden, la única orden válida en el futuro que acepto es la orden que cada uno funda y sigue, y por convergencia a lo verdadero que absurdo se verá entonces vestirla de hábitos ceremoniales y ceremonias habituales de pertenencia, como se ve la trampa de uniformizar lo distinto cuando sólo uno mismo pueder ser su uniforme, y para ser alguien tienes que identificarte con lo que haces y lo que eres en vez de lo que es a simple vista y por sólido, tan voluble en el mundo de sombras y matices en el que vivimos.