Sólo el corazón del fósforo
arde tan blanco
que quema la culpa
las sombras de este rincón
ya viejo, mascado
por las termitas
que ahora evitas
eludiendo el trazado.
Quiero matarlo
como a un perro
hierro espejo de mi hierro
falso espejo de mí, falso
yo no soy como él
y eso basta
no quiero tender puentes
quiero matar su cara
sus ojos
su reloj que le presta tiempo
rompiendo la ilusión
de que puede ser sufrible
sin experimentar sufrimiento
Último tren de la marea
que sean los olivos
lo único que se varea.