Yo que quiero hablar con alguien
y solo te tengo a tí
que me miras como un perro,
o peor,
porque los perros te entienden
aunque no entiendan lo que dices,
y tú solo eres un folio en blanco
para pegar estas cicatrices
con más bien poco consuelo...
Y ellos poetas no pueden sacar sus poemas al parque
ni rascar detrás de la oreja los de los demás,
de manera sincera digo, tres veces al día mínimo.